miércoles, 3 de abril de 2013

El abuelo y el ajedrez


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¿Que tu hijo ya con 3 años no puede jugar al ajedrez?
Sin dudarlo. El mío así lo hizo, y con 4 años sigue….
Lo interesante de esto es que, por un lado, su abuelo juega con él a la ajedrez –vaya por delante que no le pidamos a un niño jugar a alto nivel….”qué es alto nivel?”- lo que supone un abanico de virtudes: esa paciencia que muchos padres perdemos, esa afabilidad, ese entusiasmo del nieto…



Su abuelo tiene un ajedrez de esos de época, de batalla: los peones son cañones, los alfiles mariscales… -los caballos caballos y las torres torres… de eso no hay duda-



Reflexionemos un poco y analicemos los aspectos de este juego, en definitiva, las inteligencias implicadas. Vaya por delante que el propio HowardGardner no habla de espacios de inteligencia estancos, si no que habla de la inteligencia como una capacidad, no algo innato puro, y que los 8 tipos que contempla pueden desarrollarse, si bien de forma independiente, siempre interrelacionados… es la realidad propia de la vida.

Si queréis leer algo, poquito, sobre las inteligencias:


Destaco las que más se ponen en juego en el ajedrez:

-          Inteligencia lingüística: está implícita en cualquier juego, en cuanto que tengamos diálogo entre personas. El niño debe comprender las instrucciones que le da el abuelo…

-          Inteligencia lógico-matemática: es increíble que un niño sea capaz de pensar 3 o 4 movimientos por anticipado… -eso sí, centrados en una zona del tablero- francamente me ha sorprendido. Vaya por delante la vertiente estratega del juego. Fijaros la capacidad de resolver un problema, ver si al mover un peón le pueden comer, o si está protegido… El valor de la reina.

-          Inteligencia espacial: atención al movimiento del caballo… es un crack. Bueno, sin saltarme los inicios del juego, donde simplemente aprender a colocar las piezas es ya toda una experiencia.

-          Inteligencia corporal cinestésica: atentos a cómo consigue mover las piezas sin tirar ninguna del tablero.





-          Inteligencia intrapersonal e interpersonal: mirad, que al niño le coman una pieza… qué os voy a contar, pero es así y tiene que aprender a dominar la rabia que le entra… luego él también come. Y destaco la “euforia” de llegar con un peón al final y poder cambiarlo por otra pieza. No voy a señalar la relación interpersonal abuelo-nieto… al final los abuelos son fuentes de sabiduría para todos.

-          Inteligencia naturalista: aunque se enfoca más a la relación con el entorno, cabe pensar la relación de una batalla, por ejemplo, o simplemente el espacio del juego.

Aparco la musical para otros menesteres…Hay vertientes y sesudos que añaden a estas ocho iniciales la inteligencia creativa –hasta un simple peón puede ser importante-, la inteligencia pictórica, algunos la inteligencia espiritual, incluso he visto por ahí la inteligencia financiera. Ahí las dejo, para que las descubramos. 

Me despido, me he sorprendido lo estimulante que puede ser un juego de ajedrez (animo a incorporar nuevas normas… por ejemplo, conseguir una pieza a cambio de acertar una pregunta o escribir una palabra)… y la paciencia de su abuelo.

Hay mucho escrito sobre el ajedrez y los niños, os vinculo un par de enlaces:

Autor: Luis Felipe Pérez Romero

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