sábado, 23 de julio de 2016

DESARROLLAR LA INTELIGENCIA ECOLÓGICA



Con la llegada del buen tiempo y las vacaciones pensamos que es un buen momento para hablar de una de las inteligencias relacionada con la naturaleza. Desde que Howard Gardner propusiera la Teoría de las Inteligencias Múltiples, allá por el año 1983, en  todo el mundo se crearon planes y programas para organizar los procesos de enseñanza-aprendizaje en torno a esta teoría.
            Una de estas inteligencias, la inteligencia naturalista comenzó a estar presente en dichas programaciones.
            Sin embargo ¿significa esto que no se trabajaran antes? No creemos, sino que más bien se trabajaban en torno a otros modelos pedagógicos como pueden ser el Doyle (1978) y Bronfenbrenner (1979) relacionados con el paradigma de la teoría ecológica aplicada a la educación.

En los años 80 y 90 e incluso mucho antes, los germinarios y los proyectos para el cuidado de una mascota  eran comunes en muchos centros educativos y campamentos. La mascota podía ser cualquier ser vivo, desde una planta, un insecto o un animal. Quizás los más comunes eran las plantas, los peces de colores o los gusanos de seda. 


            A través de actividades en torno a la observación y cuidado de otros seres vivos, los docentes buscaban y buscan actualmente, que sus alumnos se responsabilicen del cuidado de otro ser vivo, así como también que sean conscientes a través de la experiencia activa en el cuidado del mismo, de las características más importantes de insectos, plantas o animales.
La experiencia de la metamorfosis del gusano de seda, el crecimiento de una planta desde la semilla o la alimentación de un pececillo de color en el acuario , nos dan la oportunidad de compartir un espacio de aprendizaje  mediante la convivencia y la adquisición de compromiso hacia otro ser vivo.
            La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1983) y en concreto con el desarrollo de la inteligencia naturalista concebida como el entendimiento del mundo natural incluyendo las plantas, los animales y la observación científica de la naturaleza, nos permite desarrollar la habilidad para reconocer y clasificar individuos, especies y relaciones ecológicas. También consiste en la interacción con las criaturas vivientes y el discernimiento de patrones de vida y fuerzas naturales. Exactamente lo que se pretendía con las actividades que describíamos más arriba.
           
El desarrollo de actividades de cuidado del medio ambiente y la toma de conciencia en la responsabilidad que tenemos los seres humanos en su conservación forman parte de los contenidos esenciales de esta disciplina.

Pero ¿quiénes entienden mejor de estos temas naturalistas?
O ¿Quiénes son los más inteligentes, si de naturaleza hablamos?
            A algunos se nos ocurrirá pesar en Darwin o Einstein, biólogos, agrónomos y veterinarios. Sin embargo, en nuestras aulas, casas, ludotecas, parques y plazas también están; es hora de potenciarlos, de darles la oportunidad de brillar. 


Quizás en casa, el inicio de esta inteligencia en este tiempo es la necesidad de la protección de solar, los peligros del baño, el mar…, las piscinas naturales. La maravilla de la naturaleza, sus bondades, pero también sus peligros para los más pequeños. También esto forma parte de nuestra interacción con ella.
Ya sabes, en nuestros centros Ludiland quedamos a tu disposición para que sepas qué actividades para potenciar esta inteligencia organizamos… y cómo fomentamos el talento y todo el potencial de tus hijos a través del juego.  El ocio puede ser un magnífico terreno para educar las inteligencias múltiples : esa es nuestra visión. 

artículo elaborado por: María del Pilar Gómez Mondino para Ludiland.

No hay comentarios:

Publicar un comentario